Mis tempranas nociones de teología antes de licenciarme
Teología Según Gi
El término teología proviene del latín theologĭa, que a su vez deriva del griego theos (“Dios”) y logos (“estudio”). Así, la teología es la ciencia que estudia a Dios, sus atributos y perfecciones. Es un conjunto de herramientas filosóficas que buscan entender lo divino mediante el razonamiento. Este término fue acuñado por Platón en La República, donde lo utilizó para referirse a la comprensión de la naturaleza divina a través de la razón. En este sentido, razón y revelación son complementos inseparables en el estudio de la teología.
Fuente: definición.de
Mi comentario
La teología, aunque fascinante, es solo una presentación o idea de Dios. Por más ilustrativa que pueda ser, no puede sustituir una experiencia directa con Él. Así como leer sobre una personalidad histórica o un lugar emblemático no reemplaza la convivencia o la visita, conocer a Dios no puede limitarse al estudio intelectual.
Por ejemplo, puedes investigar exhaustivamente sobre París utilizando herramientas digitales como tours virtuales o apps, pero nada igualará caminar por sus callejuelas, subir la Torre Eiffel o visitar el Louvre. De manera similar, un recorrido virtual por Tierra Santa o la Meca nunca se asemejará a una experiencia presencial. Así, la diferencia entre experiencia y conocimiento es evidente: no son sinónimos.
Revelación y experiencia
La revelación se encuentra en la palabra escrita, pero la experiencia es Jesucristo mismo. Podemos experimentar a Dios al reconocer y declarar la deidad de Jesús. Podemos repetir como niños la voz de los líderes que nos enseñaron que, de forma sobrenatural, mediante este acto, el nos transforma en hijos y amigos de Dios. Pero, ¿cómo saber que ya fuimos transformados? ¿Qué se siente ser un amigo o un hijo de Dios mismo?
Creerse hijo de Dios y hacerlo una experiencia inmersiva toma tiempo. El Espíritu Santo actúa en nosotros de manera gradual y sabia, revelándonos al Padre y al Hijo sin abrumarnos, como un zapato que se adapta con el uso.
Somos seres tripartitas: cuerpo, alma y espíritu
• El cuerpo incluye el cerebro y la razón, que son limitados porque pertenecen a la esfera física.
• El alma tiene capacidades más profundas; aunque etérea, está llena de emociones y deseos, actuando como el vínculo entre cuerpo y espíritu. Sin embargo, suele ser egoísta y ruidosa, dominando las decisiones al estar más conectada al mundo físico.
• El espíritu, por otro lado, es noble y conectado con lo divino, aunque a menudo está “raquítico” por falta de atención.
El alma, a menudo inmadura, busca satisfacer su necesidad de amor a través del cuerpo, sin reconocer que su complemento ideal está junto a ella: el espíritu. Esta relación simbiótica entre alma y espíritu necesita equilibrio.
El matrimonio del alma y el espíritu
El alma y el espíritu están destinados a unirse en armonía, como un matrimonio ideal. Cuando se comunican correctamente, dejan de competir, y el alma aprende a sujetarse al espíritu. Esta sinergia permite que el ser humano se convierta en un instrumento útil, un “vaso para uso honroso”.
Cuando alma y espíritu se alinean, surge una nueva dinámica: el alma madura y adopta la mente espiritual, lo que la lleva a buscar la verdad y a perseguir la mente de Cristo. Este matrimonio da frutos, reflejados en las virtudes del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio.
Integridad y trascendencia
Un ser íntegro es aquel que ha integrado su cuerpo, alma y espíritu en una sola unidad. Así como Dios es trinitario pero uno, el ser humano debe reflejar esta integridad para vivir en comunión con lo divino. En este estado, el cerebro deja de estar confundido, el cuerpo expresa lo que el espíritu comunica, y el alma se convierte en una compañera sabia.
Dios nos ha capacitado para buscar la mente de Cristo. No es un conocimiento que adquirimos, sino una sabiduría que encontramos en lo profundo de nuestro ser. Es un regalo divino que nos transforma, uniendo nuestra naturaleza humana con la de Cristo en un acto de comunión verdadera.
Reflexión final
Buscar la mente de Cristo es un llamado a madurar espiritualmente, a integrar nuestras partes internas y a permitir que el Espíritu Santo guíe nuestras vidas. Este proceso nos prepara para albergar la mente de Cristo en un ser íntegro y santo, convirtiéndonos en verdaderos reflejos de Dios en la tierra.
Giselle Golden | Blogger
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